23 julio 2012

El barrendero

Supongo que tu agenda de citas debe ser un mamotreto de doce volúmenes. ¿Encontrarás la página en la que escribiste mi nombre?
                                                                                    La mecánica del corazón, Mathias Malzieu

Hombre mirando por la ventana
de Aaron Douglas




Cada mañana,
asomado a la ventana,
veía con el viento
las hojas de los árboles caer,
y como un joven barrendero aparecía
para las hojas recoger.

No tenía oro ni riqueza,
sólo una escoba y un recogedor,
era apuesto, noble, y bueno,
y del barrendero se enamoró.

No sabía de aficiones,
no conocía su nombre,
sólo el color de su uniforme.

Cada mañana se repetía,
la misma escena cada día,
como el joven barrendero,
las hojas barría.

Siempre le miraba,
pero nada le decía,
nunca se atrevía,
a cambiar su monotonía.

Pero hoy es diferente,
hoy decide ser valiente,
le preguntará por su nombre
y los años que tiene.

Cosas de la vida,
que pasan sin saber porque,
unos que llegan al mundo,
y otros que se van después.

Ya no brillarán sus ojos,
ni mirará su boca,
se derretirán los mares,
se quedarán las rocas.

Verde,
verdes eran las mañanas,
cuando el sol nacía,
y la sombra de un hombre bueno,
a lo lejos se veía.


3 comentarios:

  1. El barrendero resulta entrañable y un escenario sin telón esa ventana... Muy bonito, de veras.

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